Bruna despertó sobresaltada y recordó que iba a morir.
Pero no ahora.
Había soñado que la despertaba un payaso con un cuchillo
lleno de sangre. A su lado se encontraba su padre muerto. Entonces Bruna chilló
tan fuerte que se despertó llena de sudor. Esta pesadilla se le iba repitiendo
siempre cuando era pequeña, hasta que tras la muerte de su padre se fue a vivir
con su madre y sus dos hermanos en otro pueblo con el fin de olvidar lo
ocurrido. Entonces, como por arte de magia las pesadillas desaparecieron. Hasta
hoy.
Hoy Bruna había decidido ir a visitar la tumba de su
padre fallecido por primera vez, ya que hoy su muerte cumplía diez años.
Intentó no dar importancia al sueño que acababa de tener y fue a la cocina a
por un vaso de leche. Allí lo encontró, en el fregadero, junto la pila de
platos que le quedaban por fregar. El cuchillo. Estaba sucio, era sangre. Bruna
notó que se le congelaban los huesos de la espalda, le costaba respirar.
Entonces recordó su madre, esa misma noche había regresado de su viaje con el
INSERSO.
La madre de Bruna ya era una mujer mayor. La había tenido
con cuarenta años. Ella era la niña más pequeña de una familia de tres
hermanos. Pero Bruna siempre había sido distinta, ella era rubia con ojos
azules y de tez pálida. Sus dos hermanos eran morenos con ojos oscuros y la
piel bronceada. En la niñez sus hermanos se reían de ella porque era diferente.
Una vez le llegaron a decir que era adoptada, motivo por el cual su madre los
castigó una eternidad sin poder ver la tele. Esa misma noche todos se
despertaron con el grito de su madre al encontrar el padre estirado en el sofá,
estaba muerto.
Subió las escaleras tan rápido como las piernas se lo
permitieron, entró jadeante a la habitación de su madre. Allí la encontró,
tenía los ojos abiertos, no respiraba. Sonó el teléfono del comedor. Bruna bajó
sigilosa, tenía el miedo por todo el cuerpo. No se dio cuenta de que el
cuchillo había desaparecido.
Cogió el teléfono, era la policía. Habían encontrado
muertos a sus dos hermanos en sus respectivas casas. Bruna les contó con la voz
entrecortada la horrible muerte de su madre.
Cuando la policía llegó a su casa solo encontraron un
cuchillo ensangrentado, con la sangre de la madre adoptiva de Bruna y sus dos
hermanos, debajo de la cama de Bruna. Pero sólo Bruna sabe que los ha matado su
pesadilla, el mismo payaso que ahora se le repite todas las noches en la
cárcel. Ella es la siguiente. Parece increíble el poder que tienen los sueños.
